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Soñaste –pequeño crío asustado– dragones derrotados y castillos conquistados, princesas insufribles y sirenas que aún te buscan.
Soñaste revoluciones y melodías imposibles. Cogiste aire y –sin soltarlo– soñaste eternidad.
Soñaste noches en vela y recoger hojas que nunca volaron.

Soñaste sueños
y un día

despertaste.

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