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Chronapple

El sonido de la cafetera le llegó apagado, distante. Sirvió el café en la taza, y la llevó hasta los labios. Olió el contenido y dejó caer todo en la papelera, taza incluida. Era el tercer café que se le quemaba esa semana.
Apartó la cafetera, cogió sus cosas, y salió de casa sin prisa. Recordaba perfectamente cómo había empezado todo aquello. Un par de meses atrás, una mañana más fría de lo habitual, consiguió mover la mano hasta el despertador; La alarma dejó de sonar, se levantó, se vistió, y salió a la calle; pero no llegó a despertarse.
Como ese instante en el que empieza a dolerte la cabeza y eres incapaz de centrar la vista o enfocar un punto fijo, llevaba meses sin conseguir concentrarse en nada, todo lo que le ocurría le llegaba como un eco apagado; una voz que habla desde la superficie cuando aún sigues sumergido en el agua.
Todas las mañanas se levantaba, se vestía y salía a la calle recorriendo una y otra vez el mismo camino, encadenando un movimiento mecánico tras otro, pero sin conseguir sentir absolutamente nada de lo que hacía, como al entrar en un sitio oscuro después de haber mirado el sol.
Al parecer no era el único que se había dado cuenta, ya que un par de veces por semana alguien se encargaba de confirmarle su situación. «Vives desconectado del mundo. No puedes seguir así. Céntrate», como si existiese la menor posibilidad de olvidar que seguía dormido. Como si no hubiese intentado ya todo lo posible. Como si no llevase meses sin escuchar el sonido del despertador.

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