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Igual de diferentes.

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  1. Hay pliegues por todas partes: en las rocas, en los ríos y en los bosques, en los organismos, en la cabeza o en el cerebro, en las almas o en el pensamiento, en las llamadas obras plásticas… Pero eso no significa que el pliegue sea un universal. Las líneas rectas se parecen, pero los pliegues varían, difieren. No hay dos cosas que estén plegadas de la misma manera, ni dos rocas, y no hay un pliegue regular en una misma cosa. Por eso, aunque hay pliegues por todas partes, el pliegue no es un universal. Es un “diferencial”, un “diferenciante”. Hay dos clases de conceptos, los universales y las singularidades. El concepto de pliegue siempre es un singular, no puede avanzar si no es variando, bifurcándose, metamorfoseándose. Basta comprender –y ante todo ver y tocar– las montañas a partir de sus pliegues para que pierdan su dureza, y para que lo milenario se convierta de nuevo en lo que es, no permanencia sino tiempo en estado puro, flexibilidad. Nada es más turbador que los movimientos incesantes de lo que parece inmóvil. Leibniz diría: una danza de partículas arrollándose en pliegues. G. Deleuze


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