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comillasEl hombre «libre», el poseedor de una voluntad duradera e inquebrantable, tiene también, en esta voluntad suya, su medida del valor: mirando a los otros desde sí mismo, honra o desprecia; y con la misma necesidad con que honra a los iguales a él, a los fuertes y fiables (aquellos a quienes les es lícito hacer promesas), -es decir, a todo el que hace promesas como un soberano, con dificultad, raramente, con lentitud, a todo el que es avaro de conceder su confianza, que honra cuando confía, que da su palabra como algo de lo que uno puede fiarse, porque él se sabe lo bastante fuerte para mantenerla incluso frente a las adversidades, incluso «frente al destino» -: con igual necesidad tendrá preparado su puntapié para los flacos galgos que hacen promesas sin que les sea licito, y su estaca para el mentiroso que quebranta su palabra ya en el mismo momento en que aún la tiene en la boca.

Friedrich Nietzsche.

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