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Cerró la puerta lentamente y deslizó la mano por las vetas de la madera hasta que sus dedos apenas rozaron la puerta.
De los tejados caían grandes gotas de agua; y el suelo mojado delataba la lluvia que hasta hacía un par de minutos se había adueñado de la ciudad.
Las figuras de los coches y los edificios, tan habituales en la ciudad, se mostraban ahora desfiguradas, como irregulares trazos de un lienzo apenas pintado.
Se apartó de la puerta y detuvo la vista en una de las muchas luces que se movían por las negras calles de la ciudad, y entrecerrando los ojos trató de centrar la esfera difusa en un único punto de luz, pero el vehículo abandonó su lugar antes de que pudiese lograrlo.
Caminaba observando los adoquines irregulares, comprobando que en cada uno de ellos se creaba un reflejo diferente, hasta que algo le hizo levantar la vista; una hoja de periódico, húmeda y deshecha, reposaba contra una de las farolas.
En tres saltitos, de los que surgieron miles de gotas, estuvo frente a la farola. Con cuidado y curiosidad levantó la hoja y se la acercó a la cara, pero el amasijo de letras y tinta apenas era legible, así que simplemente lo dejó caer. Continuó avanzando hasta que encontró una puerta abierta, y desde el otro lado alguien le invitaba a pasar; esbozó una sonrisa y agitó la cabeza mientras se agachaba para subir un pequeño escalón.

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