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Estaban frente a frente, completamente solos en medio de una sala llena de gente, y se miraban a los ojos como quién mira su reflejo en un espejo. Se conocían bien; demasiado tal vez, y sin embargo, seguían buscando algo en sus miradas que delatase el cambio. Se conocían tanto que sabían exactamente cómo acabaría aquello.
Ambos eran conscientes de que con una palabra suya el otro caería.
La belleza del sarcasmo; siempre es personal…personal porque requiere conocer el objetivo, porque precisa acercarse tanto como para conocer los puntos débiles; porque exige leer entre líneas y saber qué líneas no leer. Es el punto intermedio entre lo sutil y lo brutal, como si se intentase adivinar hasta dónde es posible llegar.
Ahí estaban, encadenados a esos ojos que los observaban, preparados para atacar a la primera señal; al primer atisbo de cambio, pero ninguno estaba dispuesto a quedar al descubierto, porque si, se conocían mejor incluso que a ellos mismos, y tal vez ese fuese el problema; conocían tan bien al otro cómo para saber lo que debían hacer y cómo reaccionaría el otro, y sin embargo…estaban absolutamente perdidos, ambos sabían que desconocían completamente su propio punto débil…era algo que habían estado tratando de evitar todo este tiempo.

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