P2P
Demandar a usuarios P2P alegando pérdida de ingresos de las discográficas es como si Correos demandara al email porque la gente ya no manda cartas a sus familias por el método tradicional.
Vía El Pito Doble
Presión
Gira la llave que abre el grifo y bloquea al mismo tiempo la salida del agua. Una de dos, o se rompe el grifo o te quedas sin mano. No importa que parezca controlado y da igual el tiempo que resista, esta vez no hay final feliz.
Son cosas que se saben y punto, y sin embargo, la mayoría del tiempo es nuestra mano la que bloquea el flujo del agua; porque para según qué cosas tenemos la absurda idea de que el autocontrol es o bien una virtud necesaria, o puede que sólo un instrumento de mutilación propia al que debemos someternos para evitar que sea otro el que nos cierre el grifo.
Sobre la policromía del vómito
Frío. A pesar de de su mullido recubrimiento, Domo-kun siente frío al salir de casa.
Veinte minutos después, entra en un estrecho autobús de iluminación azulada y se sienta en el único asiento libre que alcanza a ver; se coloca la cabeza y espera mirando al frente.
Poco después de que las letras rojas se iluminen acompañadas de un breve pitido, sale por la puerta que acaba de abrirse y avanza por el puente en dirección al lugar acordado.
Llega ahí exactamente treinta y ocho minutos antes, se sienta y observa a los tranvías que pasan a escasos tres metros de él.
Veinte minutos más tarde llega una Barbie marginal algo incompleta y quince minutos después, una Barbie hippie.
Todos esperan hasta la aparición de una elfa de incógnito, y más tarde hasta la llegada del último integrante de tan peculiar quinteto, Jean-Piere Françoise, un fracasado pintor francés.
Un una vez reunidos, se deslizan en el décimo tranvía que Domo-kun ve llegar esa noche, y tras efectuar el reparto de las provisiones llegan por fin al final del trayecto.
Las calles, más vacías y silenciosas de lo esperado, ven pasar a los cinco entre las sombras de las farolas hasta encontrar un lugar adecuado en la extraña plaza.
Tras la molesta incursión de una pareja de monjes aparece el resto del reparto, el niño de El Orfanato, Samara Morgan y Penélope Cruz entran en escena.
Saludos pertinentes y un breve tiempo de adaptación, y el grupo, ahora mayor, se pone en marcha de nuevo hasta llegar a un cruce donde la música suena con un volumen inhumano mientras la multitud de reúne bajo la luz de una farola como polillas que se retuercen moribundas.
Suena un móvil sin que nadie lo oiga, Domo-kun deja caer torpemente el líquido azul al suelo; no sin antes haberse impregnado ambos brazos con él.
Alguien eleva la duda y el consenso no se hace esperar; en marcha una vez más, los ocho llegan a una apartada calle donde tras la coca-cola resuena una melodía diferente,y sin importar que no haya nadie más, siete de ocho comienzan a bailar.
Cae la primera botella y se hace añicos al tocar e suelo.
Apenas veinte minutos después Samara aparece con un chupito comunitario, y diez después el vómito amarillo se desliza por el suelo.
El niño del Orfanato (ahora sin cabeza), y Penélope (que aun se aferra a su metalizada estatuilla), deciden socorrer a la muchacha acompañándola hasta el núcleo.
Dos y diez, y la Barbie hippie, siguiendo el ejemplo de la problemática niña, mira extrañamente el suelo,para, una vez tumbada, impregnar el suelo con un liquido rosáceo; tras lo cual comenta la suciedad y sigue bebiendo y bailando.
Media hora después, la mujer de flores violetas trata de convencer a Domo-kun para que acepte su naturaleza de profeta,hasta que el segúndo vómito de la Barbie la hace desistir.
Domo-kun propone ensuciar nuevas calles, para mayor divertimento de vomitadores varios, y tras la respuesta afirmativa y entusiasta del resto, cinco, que después de perder a la elfa por el camino, pasan a ser cuatro, llegan a un solitario parque, donde a las tres y cinco, la Barbie hippie se rinde al sueño en un banco verde.
Jean-Piere Françoise, la Barbie marginal y Dom-kun esperan pacientemente, y consciente del frío, Domo-kun decide arrancarse la piel y cubrir con ella a la moribunda Barbie.
A las cuatro y ocho del jueves, y habiendo decidido que una hora es tiempo suficiente, los tres deciden despertarla, y tras las propuesta de un desayuno calentito, y el asalto de varios franquistas travestis, los cuatro personajes avanzan en silencio por las calles.
La Barbie, ahora consciente de su amnesia, intenta ponerse al día sobre el las horas perdidas, y Domo-kun le relata los hechos trascendentales.
Al llegar a una plaza la Barbie hippies es secuestrada por un par de borrachos con gafas persiana, y el resto avanzan en busca de la puesta de sol.
A las seis y cuarenta, convencidos de que el sol ha decidido no salir nunca más, Jean-Piere y Domo-kun despiertan bruscamente a la Barbie marginal en un intento de hacerla sentir como en casa.
Diez minutos después, a mitad de camino de un desayuno caliente e insano, Domo-kun descubre que ha perdido la cabeza esperando el amanecer, sin embargo, dada la insistencia de su estómago decide que ya no la necesita.
Siete en punto; Domo-kun, la Barbie y Jean-Piere comienzan su desayuno, y en ese mismo instante, Jean-Piere descubre que está amaneciendo sin ellos.
Una hora después, tras haber dejado a Barbie marginal en el tranvía, y haberse despedido de Jean-Piere en la estación, Domo-kun hace un esfuerzo sobrehumano por no cerrar los ojos antes del legar a casa, porque sabe que si lo hace será incapaz de abrirlos a tiempo.
Calle
En la calle hay un charco; azul violeta y verde,
un niño que juega, con las manos extendidas;
mientras un loco mira, salta ríe y camina.
Pequeños placeres
Mirar atrás y ver que no echas nada de menos
es una sensación indescriptible.
Tú
Preguntas cuando no quieres saber la verdad.
Preguntas aun cuando ya conoces las respuestas;
me obligas a responder, a decir aquello que no eres capaz de nombrar, me obligas a hacerte daño.
Me haces decir lo que nunca quise decir; Te obligas a escuchar lo que nunca quisiste oír.
No lo puedes evitar; hacerme daño, hacerte daño, hacerme hacerte daño.
Al fin y al cabo, me entrenaste para odiar.
Y ahora…ahora me pides comprensión hacia lo que te hace llorar.
Algo
Creí ver algo en tus ojos, un destello,
algo especial…sólo usabas lentillas.



